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Vía-Crucis de
Juan
Pablo II
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Al
comenzar cada estación, se reza: |
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V. Te adoramos, Cristo. y
te bendecimos. |
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R. Porque por tu Santa
Cruz redimiste al mundo |
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Y se termina con esta
invocación: |
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Jesús, pequé: ten piedad
y misericordia de mí. |
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Finalmente, se reza un Padre Nuestro... Ave María...
y Gloria... |
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Bendita y alabada sea la
pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie
de la cruz. Amén, Jesús. |
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1ª
Estación: Jesús es condenado a muerte. |
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¿Eres tú el Rey de los
judíos? |
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Mi
Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este
mundo, mi gente habría combatido para que no fuese
entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.
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Entonces Pilatos le dijo:
¿Luego tú eres Rey? |
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Respondió Jesús: Sí, como
dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he
venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo
el que es de la verdad, escucha mi voz. |
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Le dice Pilatos: ¿Qué es
la verdad? |
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Con esto, el procurador
romano consideró terminado el interrogatorio. Volvió a
salir donde los judíos y les dijo: Yo no encuentro
ningún delito en él. |
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El drama de Pilatos se
oculta tras la pregunta: ¿qué es la verdad? No era una
cuestión filosófica sobre la naturaleza de la verdad,
sino una pregunta existencial sobre la propia relación
con la verdad. Era un intento de escapar a la voz de la
conciencia, que ordenaba reconocer la verdad y seguirla.
El hombre que no se deja guiar por la verdad, llega a
ser capaz incluso de emitir una sentencia de condena de
un inocente. |
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Los acusadores intuyen
esta debilidad de Pilatos y por eso no ceden. Reclaman
con obstinación la muerte en cruz. La decisiones a
medias, a las que recurre Pilatos, no le sirven de nada.
No es suficiente infligir al acusado la pena cruel de la
flagelación. Cuando el Procurador presenta a la
muchedumbre a un Jesús flagelado y coronado de espinas,
parece como si con ello quisiera decir algo que, a su
entender, debería doblegar la intransigencia de la
plaza. Señalando a Jesús, dice: Ecce homo! Aquí tenéis
al hombre. |
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Pero la respuesta es:
¡Crucifícalo, crucifícalo! |
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Pilatos intenta entonces
negociar: Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo
ningún delito encuentro en él. |
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Está cada vez más
convencido de que el imputado es inocente, pero esto no
le basta para emitir una sentencia absolutoria.
Entonces, los acusadores recurren a un argumento
decisivo: Si sueltas a ése, no eres amigo del César;
todo el que se hace rey se enfrenta al César. |
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Es una amenaza muy clara.
Intuyendo el peligro, Pilatos cede definitivamente y
emite la sentencia, si bien con el gesto ostentoso de
lavarse las manos: Inocente soy de la sangre de este
justo. Vosotros veréis. |
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Así fue condenado a la
muerte en cruz Jesús, el Hijo de Dios vivo, el Redentor
del mundo. |
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A lo largo de los siglos,
la negación de la verdad ha generado sufrimiento y
muerte. Son los inocentes los que pagan el precio de la
hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es
suficiente lavarse las manos. Queda siempre la
responsabilidad por la sangre de los inocentes. |
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Por ello Cristo imploró
con tanto fervor por sus discípulos de todos los
tiempos: Padre, santifícalos en la verdad: tu Palabra es
verdad. |
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2ª
Estación: Jesús carga con la Cruz a cuesta. |
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La cruz. Instrumento de
una muerte infame. |
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No era lícito condenar a
la muerte en cruz a un ciudadano romano: era demasiado
humillante. Pero el momento en que Jesús de Nazaret
cargó con la cruz para llevarla al Calvario marcó un
cambio en la historia de la cruz. De ser signo de muerte
infame, reservada a las personas de baja categoría, se
convierte en llave maestra. Con su ayuda, de ahora en
adelante, el hombre abrirá la puerta de las
profundidades del misterio de Dios. Por medio de Cristo,
que acepta la cruz, instrumento del propio despojo, los
hombres sabrán que Dios es amor. Amor inconmensurable:
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,
para que todo el que crea en Él no perezca, sino que
tenga vida eterna.. |
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Esta verdad sobre Dios se
ha revelado a través de la cruz. ¿No podía revelarse de
otro modo? Tal vez sí. Sin embargo, Dios ha elegido la
cruz. El Padre ha elegido la cruz para su Hijo, y el
Hijo la ha cargado sobre sus hombros, la ha llevado
hasta al monte Calvario y en ella ha ofrecido su vida. |
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En la cruz está el
sufrimiento, |
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en la cruz está la
salvación, |
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en la cruz hay una
lección de amor. |
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Oh Dios, quien te ha
comprendido una vez, |
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ya no desea ni busca
ninguna otra cosa. |
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(Canto cuaresmal polaco) |
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La Cruz es signo de un
amor sin límites. |
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3ª
Estación: Jesús cae por primera vez. |
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Dios cargó sobre Él los pecados de todos nosotros. Todos
nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su
camino, y el Señor descargó sobre él la culpa de todos
nosotros. |
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Jesús cae bajo el peso de
la cruz. Sucederá tres veces durante el camino
relativamente corto de la vía dolorosa. Cae por
agotamiento. Tiene el cuerpo ensangrentado por la
flagelación, la cabeza coronada de espinas. Le faltan
las fuerzas. Cae, pues, y la cruz lo aplasta con su peso
contra la tierra. |
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Hay que volver a las
palabras del profeta, que siglos antes ha previsto esta
caída, casi como si la estuviera viendo con sus propios
ojos: ante el Siervo del Señor, en tierra bajo el peso
de la cruz, manifiesta el verdadero motivo de la caída:
Dios cargó sobre Él los pecados de todos nosotros. |
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Han sido los pecados los
que han aplastado contra la tierra al divino Condenado.
Han sido ellos los que determinan el peso de la cruz que
él lleva a sus espaldas. Han sido los pecados los que
han ocasionado su caída. |
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Cristo se levanta a duras
penas para proseguir el camino. Los soldados que lo
escoltan intentan instigarle con gritos y golpes. Tras
un momento, el cortejo prosigue. Jesús cae y se levanta.
De este modo, el Redentor del mundo se dirige sin
palabras a todos los que caen. Les exhorta a levantarse. |
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El mismo que, sobre el
madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de
que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la
justicia; con cuyas heridas habéis sido curados. |
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4ª
Estación: Jesús encuentra a su madre. |
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No temas, María, porque
has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu
vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre
Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el
Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará
sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no
tendrá fin. |
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María recordaba estas
palabras. Las consideraba a menudo en la intimidad de su
corazón. Cuando en el camino hacia la cruz encontró a su
Hijo, quizás le vinieron a la mente precisamente estas
palabras. Con una fuerza particular. Reinará... Su reino
no tendrá fin, había dicho el mensajero celestial.
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Ahora, al ver que su
Hijo, condenado a muerte, lleva la cruz en la que habría
de morir, podría preguntarse, humanamente hablando:
¿Cómo se cumplirán aquellas palabras? ¿De qué modo
reinará en la casa de David? ¿Cómo será que su reino no
tendrá fin? Son preguntas humanamente comprensibles.
María, sin embargo, recuerda que tiempo atrás, al oír el
anuncio del Ángel, había contestado: Aquí está la
esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Ahora
ve que aquellas palabras se están cumpliendo como
palabra de la cruz. Porque es madre, María sufre
profundamente. No obstante, responde también ahora como
respondió entonces, en la Anunciación: Hágase en mí
según tu palabra. De este modo, maternalmente, abraza la
cruz junto con el divino Condenado. |
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En el camino hacia la
cruz, María se manifiesta como Madre del Redentor del
mundo. |
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Vosotros, todos los que
pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante
al dolor que me atormenta. |
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Es la Madre Dolorosa la
que habla, la Sierva obediente hasta el final, la Madre
del Redentor del mundo. |
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5ª
Estación: Simón de Cirene lleva la Cruz de Jesús. |
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Obligaron a Simón.
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Los soldados romanos lo
hicieron temiendo que el Condenado, agotado, no lograra
llevar la cruz hasta el Gólgota. No habrían podido
ejecutar en él la sentencia de la crucifixión. Buscaban
a un hombre que lo ayudase a llevar la cruz. Su mirada
se detuvo en Simón. Lo obligaron a cargar aquel peso. Se
puede uno imaginar que él no estuviera de acuerdo y se
opusiera. Llevar la cruz junto con un condenado podía
considerarse un acto ofensivo de la dignidad de un
hombre libre. Aunque de mala gana, Simón tomó la cruz
para ayudar a Jesús. |
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En un canto de Cuaresma
se escuchan estas palabras: Bajo el peso de la cruz
Jesús acoge al Cireneo. Son palabras que dejan entrever
un cambio total de perspectiva: el divino Condenado
aparece como alguien que, en cierto modo, hace don de la
cruz. ¿Acaso no fue Él quien dijo: El que no toma su
cruz y me sigue detrás no es digno de mí ?. |
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Simón recibe un don. Se
ha hecho digno de él. Lo que a los ojos de la gente
podía ofender su dignidad, en la perspectiva de la
Redención, en cambio, le ha otorgado una nueva dignidad.
El Hijo de Dios lo ha convertido, de manera singular, en
copartícipe de su obra salvífica. ¿Simón, es consciente
de ello?. |
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El evangelista Marcos
identifica a Simón de Cirene como padre de Alejandro y
de Rufo. Si los hijos de Simón de Cirene eran conocidos
en la primitiva comunidad cristiana, se puede pensar
también que él haya creído en Cristo, precisamente
mientras llevaba la cruz. Pasó libremente de la
constricción a la disponibilidad, como si hubieran
llegado a su corazón aquellas palabras: El que no lleva
su cruz conmigo, no es digno de mí. Llevando la cruz,
fue introducido en el conocimiento del Evangelio de la
cruz. |
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Desde entonces, este
Evangelio habla a muchos, a innumerables cireneos,
llamados a lo largo de la Historia a llevar la cruz
junto con Jesús. |
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6ª
Estación: La Verónica enjuga el rostro a Jesús. |
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La Verónica no aparece en
los evangelios. No se menciona este nombre, aunque se
citan los nombres de diversas mujeres que aparecen junto
a Jesús. Puede ser, pues, que este nombre exprese más
bien lo que esa mujer hizo. En efecto, según la
tradición, en el camino del Calvario una mujer se abrió
paso entre los soldados que escoltaban a Jesús y enjugó
con un velo el sudor y la sangre del rostro del Señor.
Aquel rostro quedó impreso en el velo; un reflejo fiel,
un verdadero icono. A eso se referiría el nombre mismo
de Verónica. Si es así, este nombre, que ha hecho
memorable el gesto de aquella mujer, expresa al mismo
tiempo la más profunda verdad sobre ella.
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Un día, ante la crítica
de los presentes, Jesús defendió a una mujer pecadora
que había derramado aceite perfumado sobre sus pies y
los había enjugado con sus cabellos. A la objeción que
se le hizo en aquella circunstancia, respondió: ¿Por qué
molestáis a esta mujer? Pues una obra buena ha hecho
conmigo (...) Al derramar este ungüento sobre mi cuerpo,
en vista de mi sepultura lo ha hecho. Las mismas
palabras podrían aplicarse también a la Verónica. Se
manifiesta así la profunda elocuencia de este episodio.
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El Redentor del mundo da
a Verónica una imagen auténtica de su rostro. El velo,
sobre el que queda impreso el rostro de Cristo, es un
mensaje para nosotros. En cierto modo nos dice: He aquí
cómo todo acto bueno, todo gesto de verdadero amor hacia
el prójimo aumenta en quien lo realiza la semejanza con
el Redentor del mundo. Los actos de amor no pasan.
Cualquier gesto de bondad, de comprensión y de servicio
deja en el corazón del hombre una señal indeleble, que
lo asemeja un poco más a Aquel que se despojó de sí
mismo tomando condición de siervo. Así se forma la
identidad, el verdadero nombre del ser humano. |
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7ª Estación: Jesús cae
por segunda vez. |
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Y
yo gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del
pueblo. Vienen a la mente estas palabras del salmo
mientras contemplamos a Jesús, que cae por segunda vez
bajo la cruz. En el polvo de la tierra está el
Condenado. Aplastado por el peso de su cruz. Cada vez
más le fallan sus fuerzas. Pero, aunque con gran
esfuerzo, se levanta para seguir el camino.
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¿Qué nos dice a nosotros,
hombres pecadores, esta segunda caída? Más aún que la
primera, parece exhortarnos a levantarnos, a levantarnos
otra vez en nuestro camino de la cruz.
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Cyprian Norwid escribe:
No detrás de sí mismos con la cruz del Salvador, sino
detrás del Salvador con la propia cruz. Sentencia breve
pero que dice mucho. Explica en qué sentido el
cristianismo es la religión de la cruz. Deja entender
que cada hombre encuentra en este mundo a Cristo que
lleva la cruz y cae bajo su peso. A su vez, Cristo, en
el camino del Calvario, encuentra a cada hombre y,
cayendo bajo el peso de la cruz, no deja de anunciar la
buena nueva. |
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Desde hace dos mil años
el Evangelio de la cruz habla al hombre. Desde hace
veinte siglos Cristo, que se levanta de la caída,
encuentra al hombre que cae. A lo largo de estos dos
milenios, muchos han experimentado que la caída no
significa el final del camino. Encontrando al Salvador,
se han sentido sosegados por Él: Te basta mi gracia: la
fuerza se realiza en la debilidad. Se han levantado
confortados y han transmitido al mundo la palabra de la
esperanza que brota de la cruz. |
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Hoy, cruzado el umbral
del nuevo milenio, estamos llamados a profundizar el
contenido de este encuentro. Es necesario que nuestra
generación lleve a los siglos venideros la buena nueva
de nuestro volver a levantarnos en Cristo. |
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8ª Estación: Jesús
consuela a las mujeres de Jerusalén. |
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Hijas de Jerusalén, no
lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por
vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá:
Entonces se pondrán a decir a los montes: Y a las
colinas: Porque si en el leño verde hacen esto, en el
seco ¿qué se hará?. |
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Son las palabras de Jesús
a las mujeres, que lloraban mostrando compasión por el
Condenado. |
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No
lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por
vuestros hijos. Entonces era verdaderamente difícil
entender el sentido de estas palabras. Contenían una
profecía que pronto habría de cumplirse. |
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Poco antes, Jesús había
llorado por Jerusalén, anunciando la horrenda suerte que
le iba a tocar. Ahora, Él parece remitirse a esa
predicción: Llorad por vuestros hijos... Llorad, porque
ellos, precisamente ellos, serán testigos y partícipes
de la destrucción de Jerusalén, de esa Jerusalén que no
ha sabido reconocer el tiempo de la visita. |
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Si, mientras seguimos a
Cristo en el camino de la cruz, se despierta en nuestros
corazones la compasión por su sufrimiento, no podemos
olvidar esta advertencia. Si en el leño verde hacen
esto, en el seco ¿qué se hará? Para nuestra generación,
que deja atrás un milenio, más que de llorar por Cristo
martirizado, es la hora de reconocer el tiempo de la
visita. Ya resplandece la aurora de la Resurrección.
Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de
salvación. Cristo dirige a cada uno de nosotros estas
palabras del Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y
llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré
en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le
concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también
vencí y me senté con mi Padre en su trono. |
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9ª Estación: Jesús cae
por tercera vez. |
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Cristo se desploma de
nuevo a tierra bajo el peso de la cruz. La muchedumbre
que observa está curiosa por saber si aún tendrá fuerza
para levantarse. San Pablo escribe: El cual, siendo de
condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a
Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición
de siervo haciéndose semejante a los hombres y
apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí
mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
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La tercera caída parece
manifestar precisamente esto: el despojo, la kenosis del
Hijo de Dios, la humillación bajo la cruz. Jesús había
dicho a los discípulos que había venido no para ser
servido, sino para servir. En el Cenáculo, inclinándose
en tierra y lavándoles los pies, parece como si hubiera
querido habituarlos a esta humillación suya. Cayendo a
tierra por tercera vez en el camino de la cruz, de nuevo
proclama a gritos su misterio. ¡Escuchemos su voz!
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Este condenado, en
tierra, bajo el peso de la cruz, ya en las cercanías del
lugar del suplicio, nos dice: Yo soy el camino, la
verdad y la vida. El que me siga no caminará en la
oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida. |
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Que no nos asuste la
vista de un condenado que cae a tierra extenuado bajo la
cruz. Esta manifestación externa de la muerte, que ya se
acerca, esconde en sí misma la luz de la vida. |
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10ª
Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras. |
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Le dan a beber hiel y
vinagre. Después de probarlo, no quiso beberlo.
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No quiso calmantes, que
le habrían nublado la conciencia durante la agonía.
Quería agonizar en la cruz conscientemente, cumpliendo
la misión recibida del Padre. Esto era contrario a los
métodos usados por los soldados encargados de la
ejecución. Debiendo clavar en la cruz al condenado,
trataban de amortiguar su sensibilidad y conciencia. En
el caso de Cristo no podía ser así. Jesús sabe que su
muerte en la cruz debe ser un sacrificio de expiación.
Por eso quiere mantener despierta la conciencia hasta el
final. Sin ésta no podría aceptar, de un modo
completamente libre, la plena medida del sufrimiento.
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En efecto, Él debe subir
a la cruz para ofrecer el sacrificio de la Nueva
Alianza. Él es Sacerdote. Debe entrar mediante su propia
sangre en la morada eterna, después de haber realizado
la redención del mundo. |
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Conciencia y libertad:
son los requisitos imprescindibles del actuar plenamente
humano. El mundo conoce tantos medios para debilitar la
voluntad y ofuscar la conciencia. Es necesario
defenderlas celosamente de todas las violencias. Incluso
el esfuerzo legítimo por atenuar el dolor debe
realizarse siempre respetando la dignidad humana. Hay
que comprender profundamente el sacrificio de Cristo, es
necesario unirse a él para no rendirse, para no permitir
que la vida y la muerte pierdan su valor. |
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11ª
Estación: Jesús es clavado en la Cruz. |
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Han taladrado mis manos y
mis pies, puedo contar todos mis huesos.
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Se cumplen las palabras
del profeta. Comienza la ejecución. Los golpes de los
soldados aplastan contra el madero de la cruz las manos
y los pies del condenado. En las muñecas de las manos,
los clavos penetran con fuerza. Esos clavos sostendrán
al condenado entre los indescriptibles tormentos de la
agonía. En su cuerpo y en su espíritu de gran
sensibilidad, Cristo sufre lo indecible. |
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Junto a él son
crucificados dos verdaderos malhechores, uno a su
derecha y el otro a su izquierda. Se cumple así la
profecía: Con los rebeldes fue contado. |
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Cuando los soldados
levanten la cruz, comenzará una agonía que durará tres
horas. Es necesario que se cumpla también esta palabra:
Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos
hacia mí. |
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Cristo atrae desde la
cruz con la fuerza del amor, del Amor divino, que ha
llegado hasta el don total de sí mismo; del Amor
infinito, que en la cruz ha levantado de la tierra el
peso del cuerpo de Cristo, para contrarrestar el peso de
la culpa antigua; del Amor ilimitado, que ha colmado
toda ausencia de amor y ha permitido que el hombre
nuevamente encuentre refugio entre los brazos del Padre
misericordioso. |
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¡Que Cristo elevado en la
cruz nos atraiga también a nosotros, hombres y mujeres
del nuevo milenio! Bajo la sombra de la cruz, vivimos en
el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros
como oblación y víctima de suave aroma. |
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12ª
Estación: Jesús muere en la Cruz. |
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Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen. |
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En el culmen de la
Pasión, Cristo no olvida al hombre, no olvida en
especial a los que son la causa de su sufrimiento. Él
sabe que el hombre, más que de cualquier otra cosa,
tiene necesidad de amor; tiene necesidad de la
misericordia que en este momento se derrama en el mundo.
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Yo te aseguro: hoy
estarás conmigo en el Paraíso. Así responde Jesús a la
petición del malhechor que estaba a su derecha: Jesús,
acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. La promesa de
una nueva vida. Éste es el primer fruto de la pasión y
de la inminente muerte de Cristo. Una palabra de
esperanza para el hombre. |
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A los pies de la cruz
estaba la Madre, y a su lado el discípulo, Juan
evangelista. Jesús dice: Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. |
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Y desde aquella hora el
discípulo la acogió en su casa. |
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Es el testamento para las
personas que más amaba. El testamento para la Iglesia.
Jesús, al morir, quiere que el amor maternal de María
abrace a todos por los que Él da la vida, a toda la
Humanidad. |
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Poco después, Jesús
exclama: Tengo sed. Palabra que deja ver la sed ardiente
que quema todo su cuerpo. Es la única palabra que
manifiesta directamente su sufrimiento físico. |
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Cuando llega la hora de
nona, Jesús grita: ¡Todo está cumplido! Ha llevado a
cumplimiento la obra de la redención. La misión, para la
que vino a la tierra, ha alcanzado su propósito. Lo
demás pertenece al Padre: Padre, a tus manos encomiendo
mi espíritu. |
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Dicho esto, expiró. |
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El velo
del Templo se rasgó en dos... El santo de los santos en
el templo de Jerusalén se abre en el momento en que
entra el Sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza. |
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13ª Estación: Jesús es
bajado de la Cruz y entregado a la madre.
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Han devuelto a las manos
de la Madre el cuerpo sin vida del Hijo. Los evangelios
no hablan de lo que ella experimentó en aquel instante.
Es como si los evangelistas, con el silencio, quisieran
respetar su dolor, sus sentimientos y sus recuerdos. O,
simplemente, como si no se considerasen capaces de
expresarlos. |
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Sólo la devoción
multisecular ha conservado la imagen de la Piedad,
grabando de ese modo en la memoria del pueblo cristiano
la expresión más dolorosa de aquel inefable vínculo de
amor nacido en el corazón de la Madre el día de la
Anunciación y madurado en la espera del nacimiento de su
divino Hijo. Ese amor se reveló en la gruta de Belén,
fue sometido a prueba ya durante la presentación en el
Templo, se profundizó con los acontecimientos
conservados y meditados en su corazón. Ahora, este
íntimo vínculo de amor debe transformarse en una unión
que supera los confines de la vida y de la muerte.
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Y será así a lo largo de
los siglos: los hombres se detienen junto a la estatua
de la Piedad de Miguel Ángel, se arrodillan delante de
la imagen de la Melancólica Benefactora (Smetna
Dobrodziejka) en la iglesia de los franciscanos, en
Cracovia, ante la Madre de los Siete Dolores, Patrona de
Eslovaquia; veneran a la Dolorosa en tantos santuarios
en todas las partes del mundo. De este modo aprenden el
difícil amor que no huye ante el sufrimiento, sino que
se abandona confiadamente a la ternura de Dios, para el
cual nada es imposible. |
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14ª
Estación: El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro. |
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Fue crucificado, muerto y
sepultado... |
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El cuerpo sin vida de
Cristo fue depositado en el sepulcro. La piedra
sepulcral, sin embargo, no es el sello definitivo de su
obra. La última palabra no pertenece a la falsedad, al
odio y al atropello. La última palabra será pronunciada
por el Amor, que es más fuerte que la muerte.
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Si
el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él
solo; pero si muere, da mucho fruto. |
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El sepulcro es la última
etapa del morir de Cristo en el curso de su vida
terrena; es signo de su sacrificio supremo por nosotros
y por nuestra salvación. Muy pronto este sepulcro se
convertirá en el primer anuncio de alabanza y exaltación
del Hijo de Dios en la gloria del Padre. |
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Fue
crucificado, muerto y sepultado (...), al tercer día
resucitó de entre los muertos. |
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Con la deposición del
cuerpo sin vida de Jesús en el sepulcro, a los pies del
Gólgota, la Iglesia inicia la vigilia del Sábado Santo.
María conserva en lo profundo de su corazón y medita la
pasión del Hijo; las mujeres se citan para la mañana del
día siguiente del sábado, para ungir con aromas el
cuerpo de Cristo; los discípulos se reúnen, ocultos en
el Cenáculo, hasta que no haya pasado el sábado. Esta
vigilia acabará con el encuentro en el sepulcro, el
sepulcro vacío del Salvador. Entonces el sepulcro,
testigo mudo de la Resurrección, hablará. |
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La losa levantada, el
interior vacío, las vendas por tierra, será lo que verá
Juan, llegado al sepulcro junto con Pedro: Vio y creyó.
Y, con él, creyó la Iglesia, que desde aquel momento no
se cansa de transmitir al mundo esta verdad fundamental
de su fe: Cristo ha resucitado de entre los muertos,
primicia de todos los que han muerto. |
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El sepulcro vacío es
signo de la victoria definitiva, de la verdad sobre la
mentira, del bien sobre el mal, de la misericordia sobre
el pecado, de la vida sobre la muerte. El sepulcro vacío
es signo de la esperanza que no defrauda. Nuestra
esperanza está llena de inmortalidad. |
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